Memoria selectiva
Esta sección es suya. Porque si yo tengo una web, ella tiene historia. Y si yo abro melones, ella abre sandías.
Con memoria (selectiva), versiones propias de los hechos, un poquito de guasa y mucha autenticidad, aquí empieza el spin-off materno del caos.
¿Acordarse? Se acuerda de lo que quiere. Y si no, se lo inventa con arte.
Solo espero que no se le olvide contar ciertas escenas dignas de serie española de sobremesa: como aquella vez que, tras una noche de fiesta, me despertó dándome con la fregona en la cara —y casi despierto a las bacterias del Cretácico—, o cuando llegaba a mi cuarto y encontraba todo el armario en el suelo como mensaje pasivo-agresivo de «ordénalo o lo lanzo por la ventana». Ni hablar de cuando, de niña, me tropezaba (que era bastante habitual) y antes de tocar suelo ya sabía que, al levantarme, me caería otra vez… pero esta vez, la mano justiciera. Me caía, sí… pero mirando hacia atrás, para anticipar desde qué ángulo venía el cachete pedagógico.
Memoria selectiva
Podría haberse jubilado tranquila, pero decidió vengarse de todos los memes, frases sarcásticas y caricaturas que he hecho sobre ella.
Pequeña, con el pelo blanco nuclear, ojos verdes de mirada crítica y una memoria que activa solo cuando le conviene, es una mezcla entre una abuelita adorable y una espía de la KGB.
No necesita redes sociales: tiene más información que Google. Y si no la tiene, se la inventa.
Cuando habla, nadie se salva. Y cuando calla… da más miedo todavía.
Su objetivo en esta web: dejar su versión de los hechos y contar las cosas como a ella le da la gana.
Porque sí, ahora va ella.