Cuando España dijo ¡click!
12 de la mañana. Benidorm. Solazo. Gente en bañador… y de repente, ¡pum! Todo se apaga. No luz, no Internet, no aire acondicionado. España entera desconectada del mundo en segundos.
Un corte eléctrico masivo en toda la península que nos dejó en modo «sálvese quien pueda»… y vaya si nos salvamos.
🕵️♀️ El paseo marítimo en modo apocalipsis
Todo empezó de la forma más extraña posible:
paseando por el paseo marítimo de Benidorm, nos dimos cuenta de algo inquietante…
no sonaba música en ningún chiringuito.
Ni bachatas, ni reggaetón, ni techno de chiringuito barato.
Solo el sonido del mar y el arrastre de chanclas.
Así supimos que algo grave pasaba.
Mear en modo linterna: disciplina olímpica no reconocida
¿Qué la electricidad se había ido? Perfecto. Pero la vejiga seguía funcionando.
Así que, linterna en mano, nos adentramos en la épica tarea de mear a oscuras.
La escena:
- Yo sujetando el móvil como si fuera la Antorcha Olímpica.
- Mi madre intentando apuntar en la penumbra.
- Un ambiente de risa nerviosa que casi nos hace mearnos encima antes de llegar al váter.
Que alguien incluya esta prueba en París 2024, por favor.
🍦 La tragedia helada
El siguiente golpe fue duro: las heladerías estaban desiertas.
Los mostradores vacíos, las vitrinas apagadas…
ni rastro de un mísero helado.
Para mí, adicta confesa a los helados, aquello fue el verdadero fin del mundo.
Una distopía sin cucuruchos.
Misión imposible: sobrevivir a 7 pisos sin ascensor
Subir 7 pisos andando no estaba en los planes. Ni de mi familia ni en los míos. Pero allí estábamos: escalando escalones cuál alpinistas de tercera edad con bolsas, mochilas y la dignidad arrastrándose escaleras arriba.
Cada peldaño era una renegociación de nuestras decisiones de vida.
Las piernas temblaban más que la conexión de un router barato.
Y aun así, llegamos. Sudorosas, exhaustas… pero con la sensación de haber conquistado el Everest.
📱 La odisea del móvil perdido
La guinda del pastel:
mi madre, que por la mañana había comprado una falda de 4,99 €, se había dejado el móvil en la tienda.
Así que por la tarde, me fui con ella a recorrer medio Benidorm para recuperarlo.
¿El problema?
La tienda seguía cerrada: seguían sin luz.
El móvil allí sigue, secuestrado hasta nuevo aviso.
🏋️♀️ Subida doble: ¿maratón olímpico o tortura medieval? Ya me dirás…
Después de comer con la familia en el hotel y echar una siesta (subiendo 7 pisos andando, porque claro, tampoco había ascensores),
decidí que era buena idea acompañar a mi madre a la tienda, a ver si podía recuperar su móvil.
Pero el karma no había terminado conmigo.
Al regresar, me tocó subirme sola los 10 pisos del apartamento.
Sin ascensor.
Con la duda existencial: ¿arriesgarme a quedar atrapada sola en un ascensor o morir en la subida?
Elegí la muerte lenta y consciente: subí andando.
Cada piso era una negociación con mis pulmones.
Cada descansillo, una meditación budista.
Cuando llegué arriba, el corazón me latía más fuerte que cuando salgo a correr.
Pero llegué.
Y ahora tengo unas piernas que ni las de un ciclista del Tour de Francia.
Reflexión final: lo que de verdad echamos de menos
En mitad del apagón, mientras nos reíamos por no llorar, descubrí algo importante.
Más que la luz, echaba de menos a Google y a mi IA.
Porque una cosa es no poder cargar el móvil…
Y otra muy distinta es no poder preguntarle a tu IA cómo sobrevivir a una crisis energética mientras comes un Cornetto derretido.
¿Y qué pasó después? El apagón fue solo el comienzo… Aquí tienes la continuación con kernel panic incluido, conga rebelde y un iMac al borde del exorcismo.
¿Tú también sobreviviste al Apagón del Siglo?
Cuéntamelo TODO.
¿Tu nevera se convirtió en sauna? ¿Tu vecina se iluminaba con velas como si fuera Madame Bovary? ¿Te tocó subir más pisos que en toda tu vida?
Este es el lugar para desahogarte, reírnos juntos y convertir la tragedia en anécdota.
👇 Déjalo en los comentarios, que aquí nos van los relatos en modo supervivencia urbana.

