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Crónicas de unas mangantes: arte, necesidad y un par de sobrecitos de aceite

Grupo de seis personas saliendo de un hotel hacia la playa: tres mujeres con pelo blanco, una mujer de pelo castaño, un chico de 38 años y una mujer morena con pendientes de cruces y gorra. Todos llevan rollos de papel higiénico, bocadillos y sobrecitos de aceite con cara de pillos adorables, en un ambiente veraniego con palmeras.
A veces la dignidad cabe en un sobre de aceite y la alegría en un rollo de papel. Historias reales de supervivencia playera donde el humor es la mejor herramienta.

Spoilers del bueno

Brigada mangante: Entrenamiento en técnicas de evasión

Mi primer trabajo fue en Carrefour, en el equipo de vigilancia. Sí, yo sé cuándo una cámara te está mirando… y cuándo no. Sé dónde están los puntos muertos, sé leer el ángulo de visión, sé caminar como una sombra.

Así que, evidentemente, he aplicado todo ese conocimiento para algo mucho más noble: enseñar a mi madre y a mi tía a moverse con elegancia cuando necesitamos algo del hotel.

Un poquito de pan para la playa, un sobrecito de mermelada, una botella de agua extra… Cosas que salvan vidas en vacaciones largas. Pequeñas estrategias de supervivencia en vacaciones que solo las verdaderas expertas conocen.

Entrenamiento básico:

  • No mirar el objeto que quieres coger (mirada al frente, como quien no rompe un plato).
  • No girarte después de cogerlo (prohibido delatarte con movimientos bruscos).
  • Y sobre todo: confianza absoluta. Porque la culpabilidad, como la caca de paloma, se huele a kilómetros.

Gracias a estas enseñanzas, hoy podríamos formar una unidad de élite. Nosotras y el comando de las croquetas desaparecidas seríamos imparables.

Operación bocadillo: Instrucciones para un atraco de supervivencia

Ayer, durante la comida en el hotel, mi madre me cuenta, tan tranquila: —«He estado haciendo bocadillos para vosotras.» Todo muy bonito… hasta que me dice “debajo del cartel que ponía ‘Prohibido sacar comida del hotel’.”

¿Debajo del cartel? ¿Así, con dos narices?

Obviamente, me llevé las manos a la cabeza. Y me puse en modo instructora militar: les analicé las cámaras al detalle:

  • Esa de ahí: objetivo fijo.
  • Esa otra: objetivo giratorio.
  • Aquella del fondo: punto muerto glorioso.

Conclusión de la lección táctica: Hay que colocarse justo debajo de la cámara giratoria, en el ángulo ciego. Desde ahí, puedes hacer bocadillos, coger un sobrecito de aceite, preparar víveres para la playa…

Todo sin levantar sospechas y respetando la economía cervecera, que luego esa cañita fresquita bajo el sol no se paga sola. Estrategia de supervivencia de manual.

Misión cumplida. La brigada Mangante sigue viva y operativa.
La brigada Mangante sigue viva y operativa.

¿Necesidad… o vicio?

Claro, al principio todo era supervivencia. Un sobrecito de aceite para la tostada, un rollo de papel para emergencias, una servilleta para el drama playero…

Pero luego, amigas y amigos, vino el vicio.

Porque, sinceramente, ¿quién no puede comprar papel higiénico en el supermercado? ¿Quién no puede llevar su propio aceite al chiringuito?

Pero el cuerpo humano es débil. Y hay un pequeño placer, un pequeñísimo morbo en ese gesto inocente de “cojo esto y a ver si me pillan”.

No es robar para enriquecerse. Es robar para reírse. Es sentirse niña otra vez. Es desafiar al sistema en modo low cost, sin hacer daño a nadie, pero alimentando esa chispa salvaje que nunca debe morir.

Estrategias de supervivencia en vacaciones, con extra de picardía.

Cuando el espíritu guatequero vence a la calle

A mi madre siempre le digo lo mismo: «Te falta calle, mami. Un poquito menos de guateque de los años 60 y un poquito más de pillería callejera te habrían venido de lujo.»

Porque claro, ella tan tranquila: Cuando le expliqué dónde estaban las cámaras, los puntos muertos, los ángulos de escape… Me suelta, tan pancha: “A mí me da igual que la cámara me vea.”

Y ahí es donde sabes que no hay entrenamiento de élite que compita contra un espíritu rebelde. La que bailó al ritmo de Los Brincos en su juventud no se va a acobardar ahora por un par de cámaras de seguridad. Ni por carteles. Ni por nada.

Eso sí, tengo que decir que a mi madre le encantó la clase magistral de cámaras. Se sintió como en una película de espías. Ahora va por el hotel con otra actitud, como diciendo: “Yo controlo, sé dónde están tus ojos electrónicos.”

Y yo feliz, claro. Porque más allá de los bocadillos, lo importante es formar nuevas generaciones de supervivientes urbanos… aunque hayan empezado en guateques de los años 60.

Hurto terapéutico: cuando reír sana más que cualquier medicina

Porque, vamos a ser sinceros:
El mundo necesita más bocadillos hechos a escondidas, más sobrecitos de aceite salvadores y muchas más risas de guerrilla.

No es el botín lo que importa.
Es el momento.
La complicidad.
La carcajada cuando ves que cabes tú, la tostada y media familia en dos sombrillas de Liliput.

Robar un poco de pan, un sobre de mermelada o una bolsa extra no te hace peor persona.
Te recuerda que sigues viva, que sigues jugando, que sigues riendo.
Y eso, amigas y amigos, sana el alma mejor que el agua con gas.

El karma también vigila: aviso a navegantes

Entre hurto y robo hay una diferencia. Una grande, aunque algunos no quieran verla. Pero aun así, cuidado.

Porque la vida, aunque te deje escapar con un bocadillo o un sobrecito de aceite hoy, mañana te pasa factura. A veces en forma de un cliente que no te paga, otras en forma de un revés que no esperabas.

Yo ya lo he vivido. Todo lo que coges sin permiso, por pequeño que sea, algún día te lo hacen devolver. De otra forma, de otro modo, a veces con intereses.

Así que ríe, sí. Haz tu terapia, sí. Pero no te olvides nunca de que lo que das, vuelve. Y lo que coges también.

El karma no tiene puntos muertos.

Operación papel higiénico: misión karaoke

Anoche nos faltaba papel higiénico en el apartamento. Y claro, como las necesidades biológicas no entienden de vacaciones ni de playas, hubo que actuar.

Fuimos a una discoteca-karaoke. Bailamos, cantamos, nos hicimos amigos de todo el local (como debe ser). Y, entre canción y canción, ejecutamos discretamente la Operación Rollito: un rollo de papel estratégico que acabaría salvando vidas al día siguiente.

¿Quiénes éramos? Un grupo maravilloso de mujeres de entre 60 y 70 años, Mi primo, un alma pura de 38 años que parece un niño de 10, que anima cada fiesta cantando y bailando aunque los ataques epilépticos intenten frenarle (spoiler: no pueden). Y yo, 48 años, espíritu adolescente en envase de experiencia callejera.

Un equipo de élite. Una banda de mangantes del papel que no roba dinero, sino sonrisas y pequeñas soluciones logísticas para que la vida no se atasque (ni literal ni metafóricamente).

Continuará…

Esto, amigas y amigos, no ha hecho más que empezar.
La playa, las sombrillas, los bocadillos tácticos, el karaoke, los rollitos de papel higiénico…
Todo eso es solo el principio.

Porque en siete días da tiempo a muchas cosas:

  • A crear estrategias de supervivencia en vacaciones.
  • A desafiar carteles y cámaras de vigilancia.
  • A demostrar que reírse es el mejor deporte de aventura.

¿Queréis saber qué más ocurrió en esta saga veraniega?
No os perdáis las próximas entregas de Crónicas de unas Mangantes.

Continuará…

Y si aún no has leído cómo se entrenó todo esto desde la infancia, no te pierdas el artículo «Gracias, Tetris: así entrené desde niña para ser campeona de maleteros y playas». Spoiler: la habilidad de encajar bultos bajo una sombrilla no nace, se entrena.

Próximamente: «La física está en mi contra (y mi cafetera también)», donde narro cómo un día patoso puede convertirse en una batalla campal entre la lógica y la gravedad. Ya os adelanto que la gravedad ganó. Pero yo me reí más.

pienso luego publico Sylvia Roldán Creadora de contenidos SEO
Pienso, Luego Publico.

Soy Sylvia Roldán, autónoma salvaje, escribo sin filtros y cobro por pensar.
Si escuece, es que iba a infección.

¿Algo que añadir o soltar?

¿Pensabas que esto era todo?

Qué poca fe. Sigue abriendo melones.