¿Existe el egoísmo bueno?
Sí, existe. Y no solo existe, sino que a veces es el único acto de amor propio posible.
Ser egoísta no siempre es un acto negativo. A veces, es un acto de autoconocimiento y supervivencia emocional. En momentos duros, de miedo, incertidumbre o vulnerabilidad, priorizarse no es una traición a los demás: es una forma de sostenerse. Es un «ahora necesito pensar en mí para poder seguir adelante sin que me arrastre el caos ajeno».
Hay decisiones personales que no se pueden compartir ni explicar en tiempo real, porque ni siquiera una misma sabe cómo digerirlas todavía. Poner límites no es egoísmo malo. Es autoprotección.
Pongamos un ejemplo de una vivencia a tiempo real sobre el egoísmo bueno
Pedir que no se cuente algo —en mi caso, un problema de salud— no es una falta de amor: es una necesidad de silencio, de espacio, de control sobre lo poco que puedes controlar. Y no respetar eso… sí es una falta de respeto.
Hay personas que no lo hacen con maldad. Lo hacen desde su forma de querer, desde lo que a ellas les parece natural, olvidándose de que somos seres individuales con sentimientos y formas de vivir diferentes.
Pero hay una cosa que tengo clara: si te quiero y me importas, te respeto. Y si tú me quieres, me respetas también. No me impones tu forma de gestionar lo mío. No me presionas, no me filtras lo que te digo, no vas contando cosas a gente que yo no quiero que sepa nada.
Amar es respetar las emociones, los sentimientos y la forma de actuar que decida esa persona. Y no querer tú convencer de cómo actuarías tú, o de cómo sientes tú, o de cuáles son tus emociones. Y muchísimo menos poner por encima la tranquilidad del entorno que necesita saber porque «te quiero pero nunca llama» (yo tampoco), simplemente porque no hay relación, solo tiempo familiar acumulado.
No me digas cómo debería sentirme. No me exijas que te deje acompañarme si no quiero. No me quieras si no sabes hacerlo sin atropellarme.
Y si eso te parece egoísta, lo asumo con gusto. Este egoísmo me está salvando. Y eso, para mí, es más que suficiente.
Si estás metida en ese túnel del diagnóstico, te cuento en este otro texto cómo viví el momento de recibir un informe de neoplasia maligna mamaria y cómo me estoy cuidando en el camino.
Entonces, ¿qué es el egoísmo bueno?
El concepto de egoísmo, su origen y ramificaciones se ha debatido en filosofía, psicología y biología desde que el hombre es hombre y el cuñado… cuñadea.
El egoísmo bueno es tomar decisiones que cuidan de ti, aunque eso suponga decepcionar a otros. Es cuando eliges no explicar más de la cuenta, no justificarte más de la cuenta, no repetir lo que ya has dicho 20 veces. Es cuando te proteges del desgaste emocional que te produce un vínculo que no respeta tus límites, ni tu ritmo, ni tu silencio.
Porque sí: estar callada también es una decisión. A veces no se habla porque se está procesando. Porque no se quiere compartir aún. Porque se está atravesando algo íntimo, doloroso, delicado. O simplemente, porque no te da la gana contar nada.
No, no es por castigo. Es por protección.
El egoísmo bueno no busca castigar a nadie. No se aleja a una persona de tu vida para que sufra. Se aleja porque ya no hay energía para sostener el vínculo. Porque lo que estás viviendo es tan fuerte, que necesitas espacio limpio a tu alrededor. Y no todo el mundo lo entiende. Y no todo el mundo lo respeta.
Y sí, a veces duele alejarte de alguien a quien conoces de toda la vida. Pero eso no significa que tengas que quedarte ahí, aguantando formas de querer que ya no encajan contigo. Y lo sé porque me ha pasado.
Lo que muchos no ven
Hay una gran diferencia entre conocer de toda la vida a una persona y conocerla de verdad. Lo primero es cronología. Lo segundo es conexión, respeto y presencia real en el día a día. Y, ¡ojo! Ni aún estando de forma continua en la vida de una persona llegamos a conocerlas tanto como solemos creer.
Llevo años construyendo una identidad fuerte, auténtica, con principios, pilares, rutinas, procesos emocionales propios… y ahora, en un momento vulnerable, algunas personas que nunca se han molestado en conocerme realmente se sienten con el derecho de hablar por mí, de mí y sin mí de mi salud. Como si fueran portavoces no oficiales de una vida que nunca han intentado comprender.
Y sí, el tiempo no sustituye al interés real. Es durísimo darte cuenta de que hay gente que lleva toda la vida a tu alrededor y aún así no sabe ni cuál es mi color favorito, ni por qué necesito correr por las mañanas para volver a mí, ni qué me rompe y qué me reconstruye. Y aún así se permiten hablar de mi salud como si entendieran mi mundo interno. Pero no lo hacen. No tienen ni mapa ni brújula.
La cadena del marujeo
Siento que estoy rodeada de una cadena de marujeo premium, edición familiar, que ni el algoritmo de WhatsApp podría rastrear con tanto detalle. Es como si el drama se fuera reenviando de móvil en móvil hasta llegar a mí reempaquetado con lágrimas y cara de funeral.
Desde que me encontraron unas calcificaciones en una mama, dije a mi gente, a los que están en mi día a día, que no quería que lo supiera nadie. Conozco a mi familia y, una parte de ella, lleva el chisme en la sangre.
Tengo una tía con la que por circunstancias de la vida ya no hay relación desde hace muchos años. Se enteró de que me tienen que operar de una neoplasia maligna mamaria (in situ por suerte, es decir, aún no es cáncer). Me escribió y le contesté respetuosa y afectuosamente a pesar de la distancia. Agradecí su mensaje.
Y… ¡PUM! No tardó ni medio segundo en contar lo que no le pertenece. Me dolió. Y mi respuesta fue contundente. Le expliqué mis límites, esos que ya tengo desde hace mucho tiempo y que hubiera sabido de conocerme un poco.
¿Su respuesta a mi WhatsApp? Ninguna. En su lugar… Toda una escena digna del peor drama. Llamó llorando a la mujer de su hijo, que a su vez llamó a su madre, que a su vez hoy me lo ha contado a mí. Ni Netflix se atreve con un argumento así.
Pero lo peor no es la cadena. Lo peor es que esa persona aún no ha pedido perdón. Y yo me pregunto: ¿ese llanto fue por mí, o por ella?
¿Llora por mí… o por ella?
Mi mensaje fue clarísimo y directo, marcando límites. Lo que ha pasado después no es un malentendido: es gente que no respeta esos límites porque les pesa más el impulso de contarlo que el respeto hacia mí y mis emociones. Lloran, dramatizan, se pasan el «notición» como si fuera la exclusiva de un reality de sobremesa… pero lo que no hacen es detenerse a pensar en cómo me afecta a mí.
El problema de mucha gente no es que no te quiera. Es que no han crecido. No han evolucionado. No han hecho el más mínimo trabajo de desarrollo personal. Y desde esa perspectiva simple de vida, no entienden que tú sí lo hayas hecho. Que hayas cambiado. Que tengas límites. Que ya no te sirvan los mismos vínculos de siempre. Que ese amor que ofrecen, sin revisarse, ya no te valga.
Mi tía lloró. Pero yo me pregunto… ¿llora por mí? ¿O llora por ella? ¿Llora por el miedo a quedarse fuera de mi vida? ¿O por el dolor de haberme fallado?
Porque si lloras por mí, pides perdón. Y no ese perdón dramático, teatral, de película de sobremesa. No. Uno sincero, que reconoce el daño aunque haya sido sin querer.
Pedir perdón también es una forma de decir te quiero. Pero si no lo haces, entonces ese querer… está incompleto. Yo no quiero a medias. Y no acepto que me quieran a ratos ni sin respeto. Y sí: si te he herido por poner mis límites, te aguantas. Porque el respeto no se negocia.
Lo cuento cuando quiero, no cuando tú quieras
Porque sí: para eso tengo un blog personal. Para contar lo que me dé la gana, cuando me dé la gana y como me dé la gana. Con mis palabras, con mi estilo, con mis pausas. No necesito portavoces ni cronistas familiares improvisados. Si no estás en mi vida y no te lo he contado, lo mínimo que puedes hacer es darme tráfico y posicionamiento en Google leyendo mis artículos para enterarte. Ya que vas a marujear, al menos súmame visitas.
Mi gente sabe mis cosas en tiempo real. El resto, que espere a que yo lo cuente. Y si no lo cuento, será por algo. Respetar eso es lo básico. No lo hagas por mí. Hazlo por ti, para que no te cierre la puerta en banda y te acabes enterando de mi vida por Google… si es que sabes buscar bien.
Crecer (no es lo que tú crees)
Porque claro, cuando hablo de que una parte «no ha crecido», no me refiero a ganar dinero, casarse, tener hijos o comprarse una Thermomix. Hablo de diálogo interno. Hablo de crecer por dentro. De cambiar los malos hábitos. De cuestionarse cosas. De aprender a callar a tiempo y a hablar cuando toca. De hacerse cargo del daño que uno causa. De pedir perdón sin que se te atraganten las palabras. De dejar de excusarte siempre en cómo eres, como si fuera una condena genética. Eso es crecer. Y por desgracia, no todo el mundo está dispuesto.
Pienso, luego me alejo sin retorno
En muchas ocasiones, cuando algo me duele, no digo nada. Solo me callo y observo. Espero a ver si lo ven. Pero cuando no veo reacción, cuando no hay ni un atisbo de autocrítica o de empatía, simplemente me voy.
No me gusta ir dando lecciones de nada a nadie. Cada uno que aprenda por su cuenta. Yo solo enseño diseño web estratégico y cómo crear contenidos que posicionen, como mucho. Pero si no veo reacción, simplemente me voy porque yo no he venido a este mundo para cambiar a nadie que no sea a mí misma.
Y alejarse no es solo para vivir yo tranquila. También es para que la otra persona lo haga. Porque a veces el amor duele más que la ausencia. Y hay vínculos que, por mucho que hayan estado toda la vida, dejan de tener sentido cuando solo una parte crece.
Porque cuando decido alejarme de alguien importante, han pasado años de reflexión profunda. Años de aguantar, de intentarlo, de explicarlo. Años de decepciones pequeñas que se van sumando como gotas. Y cuando lo decido —normalmente por puro cansancio emocional— ya no hay retorno. Porque ya probé de todo. Porque ya entendí que esa persona no va a cambiar. O porque, simplemente, ya no me gusta como es.
Y eso no es egoísmo chungo. Eso es amor propio del bueno, resiliencia, independencia emocional y mucho autocuidado.
Así que sí, alejarse cuesta pero libera.
Bonus track de keywords en modo egoísmo del bueno
Sí, esto también es SEO. Pero del rico, del que se mete en vena sin que el algoritmo lo note.
Del que Google se come con patatas y tú ni te enteras.
Aquí no hay IA generativa: hay vivencias reales, autocuidado del bueno y algún que otro zasca premium.
Y tú, rastreador curioso, te vas a llevar tu ración de egoísmo bueno… y te la vas a comer gustoso.
¿Querías saber qué es el egoísmo bueno? Pues toma lección emocional con dosis de autoprotección.
¿Buscas ejemplos de autocuidado radical con sentido del humor? Aquí te doy uno envuelto en drama familiar y límites pintados con brocha gorda.
¿Te interesa cómo poner límites sin culpa? Aquí lo tienes. Y si no, pregúntale a mi tía (bueno, mejor no… que aún no ha pedido perdón).
¿Quieres entender por qué a veces alejarte es cuidarte? Sigue leyendo, alma inquieta.
¿Te jode que te digan egoísta por pensar en ti? Pues enhorabuena: estás en el camino correcto.
Esto no es egoísmo chungo: es autocuidado con estilo.
Y si no posiciona, será que el algoritmo aún no sabe lo que es quererse bien.
El egoísmo bueno como forma de amar y respetar a los demás y a ti mismo
Amar, para mí, es respetar las emociones, los sentimientos y las decisiones del otro. No tenemos que entender nada, solo respetar y no querer convencer a esa persona de cómo actuarías tú. No hacerle sentir culpable por sentir distinto. Y muchísimo menos poner por encima la tranquilidad del entorno al bienestar real de quien lo está pasando mal.
Y esto no lo entiende todo el mundo. Pero si tú lo entiendes, ya sabes por qué a veces el egoísmo no solo es bueno… es necesario, vital para tu bienestar. No es egoísmo, es supervivencia emocional.
Elegir mi paz. Elegir mis vínculos. Elegir mi familia, aunque no compartamos ni una gota de sangre, es lo que quiero en mi vida.
Porque cuando no te cuidan como mereces, marcharte también es una forma de amor propio. Esto mismo se puede aplicar al caso contrario: si no soy capaz de amar a la persona que tengo enfrente como necesita y merece, alejarme también creo que es lo más inteligente para no dañar a esta persona y su bienestar emocional.
¿Tú también has vivido algo parecido? ¿Has sentido esa mezcla de culpa y alivio al poner límites o alejarte de alguien? Cuéntamelo en comentarios. Este espacio es seguro y sin juicios. Solo con respeto… y un poco de humor negro, como nos gusta.

