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Abrir melones 🍈

Entre la ruina y el puto pan este, una aprendió a ahorrar.

rincón de abundancia
Hay quien empieza a ahorrar con un Excel. Yo empecé con un pan bendito, una cabina roja llena de céntimos y una buena dosis de realidad. Aquí te cuento cómo volví a hacer las paces con el dinero… y con la vida.

Spoilers del bueno

(Esto no lo enseña ningún gurú financiero, pero es sabiduría de la buena.)

Hubo años en los que me fue tan mal que llegué a pensar que la culpa era del pan. Sí, sí, el Pan de San Antón, el panecillo bendito que en Madrid se reparte una vez al año a cambio de la voluntad. Te lo dan en una iglesia donde haces una cola tremenda, te entregan tu pan bendito, y ya puedes sentir que has activado el modo abundancia celestial.

Yo, que soy muy de rituales, lo tenía colocado en mi rincón de abundancia, junto a mi hucha mágica con metas tachables y mi cabina inglesa llena de monedas callejeras. Todo tenía su lugar. Cada moneda que me encontraba en la calle la metía ahí. Porque aunque fuera un céntimo, me agachaba, lo cogía y lo guardaba como símbolo. Dicen que el dinero llama al dinero… y yo llamaba al universo con céntimos.

Pero en esos años chungos, en los que los ingresos no entraban ni a patadas, la ansiedad era mi compañera de piso y las deudas crecían más rápido que mi fuerza de voluntad, empecé a sospechar. Miraba al pan y pensaba:

«¿Y si es este pan el que me está gafando? ¿Y si en vez de atraerme la abundancia me está secando la cuenta bancaria?»

Así que dejé de ir a por él. Total, el pan estaba más duro que la realidad. (Y menos mal que los pájaros no tienen hipoteca, porque al menos ellos pudieron seguir aprovechándolo mojado.)

Pasaron los meses. Y con ellos, una mezcla de batallas internas, reajustes, lecciones dolorosas y mucha introspección. Me convertí en una señora del Excel, en una amante de los presupuestos, en una friki de las huchas. Ya no gasto por gastar. Si invierto, es en mi negocio, en mis herramientas, en mis planes. Y si compro, lo hago con conciencia.

Volví a celebrar cada céntimo encontrado. Cada ahorro tachado. Cada hucha llenándose. Volví a respetar al dinero.

Y con el tiempo… volví a hacer cola a por el pan.

Porque entendí que el problema nunca fue el pan. El problema era no saber cómo cuidarme a mí misma a través del dinero.

Lecciones que aprendí (y que ningún gurú de Instagram te cuenta):

  • No se trata de cuánto ganas, sino de cómo te relacionas con el dinero.
  • Las huchas no son cosa de niños, son herramientas de visualización y compromiso.
  • El ahorro no tiene por qué ser aburrido: puede tener forma de cabina inglesa, tabla con metas tachables o incluso panecillos bendecidos.
  • No hay vergüenza en empezar de cero. La vergüenza es seguir igual por no querer mirarlo de frente.
  • La abundancia empieza por el respeto: a ti, a tu trabajo, y a lo que entra en tu cuenta.

¿Y ahora qué?

Ahora recomiendo a todo el mundo que se monte su propio rincón de abundancia. No hace falta que tengas el pan (aunque oye, si estás en Madrid en enero, date una vuelta). Pero sí hace falta intención.

  • Crea una hucha que te inspire: que te guste, que te motive. No valen botes feos del colacao.
  • Ponte metas claras y visibilízalas. Las mías están pegadas en mi hucha mágica: 2.000 €, 5.000 €, 10.000 €. Y voy tachando. Y celebro cada paso.
  • Celebra cada moneda encontrada como si el universo te estuviera guiñando un ojo. Porque a lo mejor lo está.
  • Comparte tu historia si te apetece. Porque si una como yo ha salido de ahí, cualquiera puede hacerlo.

Y si te apetece empezar por algo pequeño, te dejo por aquí una selección de huchas mágicas en Amazon (sí, con mi enlace de afiliada, que toda ayuda cuenta y encima te llevas algo bonito):

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Que no te vendan humo. Que no te digan que manifestar es suficiente. Que no te hagan sentir culpable por tener que empezar desde abajo.

Entre la ruina y el puto pan este, una aprendió a ahorrar. Y tú también puedes.

Con pan, con céntimos, y con muchas ganas de vivir mejor.

¿Creías que el drama acababa en el carrito de la compra? Espera a ver cómo mi madre batalla contra los bricks de leche como si fueran tropas enemigas. Spoiler: hay bajas.

pienso luego publico Sylvia Roldán Creadora de contenidos SEO
Pienso, Luego Publico.

Soy Sylvia Roldán, autónoma salvaje, escribo sin filtros y cobro por pensar.
Si escuece, es que iba a infección.

¿Algo que añadir o soltar?

¿Pensabas que esto era todo?

Qué poca fe. Sigue abriendo melones.