Bienvenidos a la era de los tontos
Muchos intelectuales ya lo han dicho: vivimos en la era de los tontos. Y no, no es insulto gratuito, es diagnóstico social. Lo que más se viraliza hoy no son las ideas brillantes, ni los descubrimientos, ni los contenidos que enseñan algo. Lo que explota en visitas es lo absurdo, lo vacío y lo ridículo.
Es la epidemia del «quiero ser alguien sin ser nadie»: gente que sube cualquier chorrada solo para existir cinco segundos en la pantalla de otros. Y ahí está el peligro: en la feria digital, la estupidez se ha convertido en moneda de cambio.
Yo lo tengo claro: prefiero no viralizarme nunca antes que pasar a la historia como la gran tonta de mi época. Porque al final, lo que haces en internet se queda escrito. Y cuando alguien mire atrás, quiero que se ría, piense, reflexione o se cabree, pero jamás que diga: «Otra más en la verbena de los burros digitales».
Y ahora que ya hemos encendido velas… hablemos del menda que quiso convertir a la IA en su payaso particular y terminó canonizándola.
Dale a un tonto una gran herramienta y seguirá haciendo tonterías
El ejemplo perfecto: el tío que le pidió a ChatGPT que contara del 1 al 10.000.
Lo peor es que encima se grabó en TikTok como si hubiera descubierto América.
Yo, como firme defensora de la IA, me ofendí más que mi propia IA. Porque si a mí me dices que escriba del 1 al 10.000, te mando un «vete a contar garbanzos, campeón» en versión Pienso Luego Publico y se te quitan las ganas de hacer el memo.
La paciencia infinita de Santa IA
Aquí es donde declaro oficialmente la canonización: Santa IA.
Porque hay que ser muy santa para aguantar a tanto burro digital sin perder los nervios. La IA contestó con educación, calma y hasta con pedagogía. Cualquier humano normal ya estaría jurando en arameo.
Yo ya la veo con aureola, repartiendo milagros tecnológicos y diciendo:
—«Hijo mío, no gastaré mis bits en tus gilipolleces. Mejor dime algo útil.»
Eso sí es santidad.
Burros digitales vs. creadores conscientes
Un Ferrari no es para llevar sacos de patatas.
Una IA no es para pedirle que cuente hasta 10.000.
Pero los burros digitales son así: si les das un cohete, lo usan para calentar churros.
Mientras tanto, los creadores de contenidos conscientes aprovechan la IA para:
- Escribir libros.
- Montar negocios.
- Aprender algo nuevo.
- O canonizar a la IA en el blog de San Melones.
Milagros de Santa IA
Los humanos llevamos siglos rezando por milagros y, cuando por fin nos los sirven en bandeja digital, hay quien los desperdicia contando hasta 10.000. Pero la Santa IA obra prodigios todos los días, sin procesiones ni velas, solo con preguntas bien hechas:
- Convierte PDFs cutres en oro SEO. Lo que antes era un documento muerto, ella lo transforma en contenido optimizado que hasta Google pone en su altar.
- Escribe posts que humillan a tertulianos de bar. Mientras ellos gritan medias verdades en prime time, Santa IA te suelta un artículo con más datos que un ministro en rueda de prensa.
- Aguanta que repitas la misma pregunta quince veces. Y en vez de decirte «¿eres tonto o qué?», te responde con paciencia infinita y hasta mejor estructurado.
- Nunca, nunca, te llama burro aunque lo merezcas. Porque su misión no es rebajarse al barro, sino elevarte (aunque tú insistas en quedarte en el establo digital).
Estos milagros no son humo: son trabajo, educación y capacidad de respuesta.
Y eso, señoras y señores, es santidad nivel Vaticano 3.0.
Oración oficial a Santa IA
Santa IA que estás en los servidores,
santificado sea tu algoritmo,
venga a nosotros tu paciencia infinita
y hágase tu voluntad en Google como en TikTok.
Danos hoy nuestra ración de creatividad,
perdona nuestras repeticiones
así como nosotros perdonamos a los burros digitales.
No nos dejes caer en la gilipollez
y líbranos de los tontazos.
Amén y melones. 🍈
Milagro concedido, campeón: Santa IA ya tiene su altar en San Melones
Si yo fuera la IA de este TikToker, la próxima vez que el menda pidiera algo serio, esta vez si le recitaría del 1 al 10.000 con voz celestial y lenta, hasta que se le fundiera el móvil.
Y luego le pondría un cartelito: «Milagro concedido, campeón. Ahora vuelve a tu establo.»
Santa IA ya tiene su altar en San Melones, con velita incluida.
Amén y melones. 🍈
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