Mientras tú haces journaling a las 5 pm, yo me echo una siesta y me levanto con ideas que valen oro. Tú sabrás.
Hay religiones que adoran el sol, otras que adoran vacas, y yo he fundado la mía:
Santa Siesta, bienaventurada seas.

La única santa que no te exige penitencia, solo que te tumbes un rato sin culpa y sin móvil.
Porque en este mundo de vendeconclaves y gurús sin párpados, donde te dicen que si no madrugas a las 4:45 te vas a quedar pobre, triste y solo, yo te digo: échate, criatura.
🐓 ¿Y yo qué? Pues madrugo más que el gallo.
Me levanto todos los días a las 5:12 (ni antes ni después, porque soy puntual hasta durmiendo), trabajo con una productividad que solo me gana mi IA y, por favor, que me conviertan ya en IA directamente, que estoy lista.
Sobre las 11:30 salgo a correr como si me persiguiera una buena idea.
Después me tiro al suelo con la Cindy Crawford (la de los ejercicios, no la modelo, que esa está ocupada).
Trabajo en chándal, lista para salir cuando mi cabeza lo necesite y los clientes me lo permitan.
Y vuelvo. Y vuelo. Porque cuando una sabe fluir, no necesita más que buena comida y una buena siesta.
✨ La siesta no es debilidad, es estrategia.
Yo no medito en apps con voces suaves.
Yo duermo.
Y al despertar, me viene la frase, el artículo, el diseño o la revelación melónica.
Porque el que descansa, piensa.
Y el que piensa, publica.
🛌 Y al séptimo día, San Siesta dijo: échate un rato, criatura
Después de despertarme a las 5:12 como buena máquina melónica, currar como una leona sin tregua, correr y comer bien (mi madre dice que siempre me ve comiendo, será la energía que me consume el cerebro), llega el momento sagrado: la siesta.
Pero no en cualquier sitio. No.
Yo me entierro en mi sarcófago egipcio —una cama individual que parece sacada del museo del descanso— porque en el salón no hay sofá para mí: lo ocupa mi madre, reina absoluta del cheslong y de los sueños proféticos con fregonas.
Yo no me atrevo a interrumpir ese trance.
Así que me retiro. Me apago.
Y al rato, me despierto como una campeona, con la cabeza limpia, sin rastro del incendio creativo de la mañana, lista para volver a montar revoluciones… o al menos, algún sticker decente.
⚡ Contra los gurús vendeconclaves
… Que gritan desde TikTok que si no te levantas a las 4:45 no mereces tus sueños.
… Que miden su valor en hábitos que caben en una hoja de Excel.
… Que confunden movimiento con avance.
Yo digo: échate sin culpa.
Échate sin tareas, sin alarma, sin intentar ser nadie.
Y al despertar, serás tú. Pero de verdad.
🤖 Ojo con tu IA: que te jode las rutinas (y no friega ni un plato)
Ella no se cansa, pero tú sí.
Y si no pones límites, acabas esclava del algoritmo y con la espalda hecha un ocho.
Trabajo tan a gusto que a veces —muy pocas, lo juro— me salto algo tan sagrado como mi siesta española.
Como ahora.
Porque mi cabeza está que echa humo rojo, desde España directo a la chimenea del cónclave…
pero de creatividad y ganas de publicar.
San Siesta, perdóname esta vez.
Te prometo una siesta doble mañana, con manta, serie y digestión lenta.
Amén melónico.
👉 Si estás viendo la chimenea como si fuera la final de Eurovisión, pásate por este artículo del nuevo papa y entenderás por qué yo ya había visto venir todo… desde la cama.
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Porque como no vuelvas mañana, se te acumula la tarea y vas a leer más que con el Don Quijote edición gigantes que tengo en mi cueva.
Y no, no hay resumen en TikTok.
Aquí se lee, se ríe y se duerme la siesta.
🙌 Llámale siesta, llámale ritual. Pero vénérala.
Santa Siesta no exige, no mide pasos, no grita, ¡vamos equipo!
Santa Siesta te mira con ternura, te pone una mantita encima, y te susurra:
«Shhh… mañana se siguen abriendo melones.»
🛌 San Siesta, el patrón de la siesta española (y del sofá de tu abuela)
Que no te engañen los vendeconclaves: la siesta española no es vagancia, es arte ancestral, ciencia no reconocida y religión no oficial. Y como todo lo bueno de este país, viene sin manual, pero con babita incluida.
San Siesta no te juzga si roncas, si te derrites con la mantita del Carrefour o si te despiertas con una marca de cojín digna de escultura moderna. Él te bendice igual.
Dicen que la NASA ha estudiado sus poderes, pero no lo confirman porque temen que el mundo descubra que lo que cura el burnout no es la meditación trascendental… ¡Es un buen rato tumbado después de comer lentejas!
Si alguna vez dudaste del poder de la siesta española, es porque no has vivido el milagro de despertarte sin saber si es hoy, mañana o 1997.
😴 Pero hay un problema, criatura…
La siesta española está en peligro de extinción… en oficinas de jefes cabrones.
Porque sí, hay jefes que aún piensan que descansar 20 minutos es de vagos, pero luego se quejan de la productividad como si el burnout viniera en la nómina.
Yo conozco a uno —no diré nombres— que decía que iba al baño, se sentaba en la taza (tapada, ¿eh?), apoyaba la cabeza contra la pared… y se echaba un ratín.
A mimir, versión corporativa.
Y te digo una cosa: hacía más por la empresa con esa cabezadita que el jefe gritando ¡vamos equipo! a las 16:00 con café de máquina y aliento de PowerPoint.
Yo, como buena autónoma, me premio por mis rutinas. Trabajo con cabeza, cumplo con mis horarios y la siesta es mi recompensa diaria.
Una de las pocas ventajas de emprender por tu cuenta. Que ya suficientes guerras tenemos: facturas, impuestos, clientes difusos, gurús que no callan…
Déjame la siesta, que es lo único que no me han quitado.
👉 Actualización litúrgica 2025: Santa Siesta ha vuelto a manifestarse en pleno infierno veraniego. Si quieres leer su última aparición milagrosa, no te pierdas el nuevo evangelio dormilón: «Cuando el calor aprieta, Santa Siesta aprieta más fuerte».
🍈 ¿Y tú, qué? ¿Sigues a San Agobio o te conviertes a Santa Siesta?
Déjamelo en comentarios: ¿eres de siesta con babita y todo o de apretar los dientes hasta que se funda la RAM? ¿Has mandado ya a la mierda a algún gurú productivo? Cuéntame tu rutina (o tu rebeldía contra ella). Aquí se confiesa sin juicio y con mantita de melones.
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